Thursday, August 26, 2010

La disidencia y la jerarquía católica



By NICOLAS PEREZ

En principio debo advertir para evitar equívocos que existe una diferencia sustancial, gigantesca, galáctica, entre lo que es la Iglesia Católica cubana y su jerarquía.

Esta semana ha habido un acalorado debate entre la oposición interna y el purpurado cardenalicio. En una carta al papa Benedicto XVI, la disidencia ha calificado la mediación de la Iglesia con el gobierno cubano para la liberación de presos políticos de ``lamentable y bochornosa''. El portavoz del cardenal, Orlando Márquez, olvidándose de colocar la otra mejilla y de que el perdón es el más dulce de los sacrificios, ha respondido airado que la carta es ofensiva, y ha proseguido su-

biendo la parada acusando a la disidencia de ``intentar torpedear'' la libertad de los presos políticos. Una tontería visceral. Nadie ha torpedeado nunca la libertad de un solo preso político cubano.

En primer lugar, la Iglesia no ha ayudado a soltar un solo preso hoy, como no ayudó a soltar ninguno en 1978 el Comité de los 100 ni quien ayudó a liberar a los prisioneros de Girón, el abogado James Donovan. Quien siempre mete presos o suelta presos según sus conveniencias y propósitos es el castrismo.

En segundo lugar, que un preso político cubano desee que un hermano de lucha siga tras las rejas es una insensatez. Hasta aquí una simple discrepancia. Pero cuando la mula tumba a Jenaro es en una última declaración en Espacio Laical, publicación oficial católica en Cuba, en la cual se acusa de que la carta de los disidentes fue escrita en Estados Unidos. Me pregunto ¿por quién? Estoy confundido. ¿Por Hillary Clinton o por Barack Obama? Ya eso linda con la canallada.

Hubo una época en que comulgaba diariamente. Sigo aferrado a mi fe en Cristo pero ella está dominada por una duda metódica no contra la institución sino contra la jerarquía de la Iglesia Católica cubana. Y me resulta paradójico contemplar que una misma iglesia que en 1960 y 1961 era la de monseñor Eduardo Boza Masvidal y la del digno sacerdote franciscano Miguel Angel Loredo, y que llevaba sobre sus hombros la voz cantante en la lucha contra el comunismo, se haya transformado en lo que es hoy, y me pregunto, ¿cómo esto pudo suceder?

La jerarquía de la Iglesia cubana debería saber cómo pensamos la disidencia y el exilio. Pero ni hablar. De no mezclarse en lo más mínimo en los asuntos políticos ahora la púrpura cardenalicia es política a pulso. Eso de que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, para Jaime es un chiste de mal gusto. Y esa jerarquía que de aliada del anticastrismo se ha convertido en enemiga de aquél que se enfrente a los Castro no escucha voces. Se refugia en sus rezos, inciensos, jaculatorias, confesiones, casullas y cilicios. Nada les importa. Todo les resbala. Salvo tener un nicho, un santuario, para actuando con el indignante silencio de los corderos, hacer como ellos dicen ``una labor pastoral en Cuba''.

Y si bien Esaú, el hijo de Isaac, vendió su primogenitura por un plato de lentejas, hoy la Iglesia cubana no puede vender el mismo plato de lentejas que es su dignidad, por un espacio de no más de trescientas palabras, con un pequeño titular, todos los jueves, en la última página del periódico Granma. No creo en labor pastoral de ningún tipo sin enarbolar por delante pronunciamientos éticos. Prefiero una iglesia perseguida, acosada y destruida pero digna, que una iglesia cómplice.

Pobre Cuba. Cuando la guerra de independencia la jerarquía estuvo al lado de los españoles. Cuando la lucha contra Batista, el 13 de marzo el purpurado felicitó solícito y veloz al dictador porque había fracasado el asalto al Palacio Presidencial. Y ahora son los mismos débiles y cobardes, que se hincan de rodillas ante un poder temporal, y en medio de una crisis de padre y muy señor mío, le tienden una mano al castrismo y colaboran con ellos para aliviar sus tensiones, desactivan sus descréditos e intentan devolverles su menguado prestigio frente a la opinión pública mundial.

o de la disidencia y la Iglesia era una guerra anunciada, porque la razón real, la clave de esta polémica es que existe un paralelo claro como el agua entre la concesión que le hizo el gobierno de EEUU al gobierno español prohibiendo que los mambises fueran garantes, testigos y actores del Tratado de París, con lo que ha hecho hoy Jaime Ortega, aceptándole al castrismo que en conversaciones cruciales sobre Cuba no participara la disidencia. El cardenal Jaime Ortega en el 2010 ha jugado el mismo papel que el presidente William McKinley en 1898, contra la independencia y la soberanía de Cuba. Y eso lo recogerá la historia.

Esto, por supuesto, tampoco puede analizarse superficialmente. Raúl Castro puede estar jugando con fuego. El gobierno cubano en una situación tan volátil como la que enfrenta, ¿no puede estar creando un Frankenstein para su permanencia en el poder convirtiendo a la Iglesia Católica en moderadora de la problemática nacional? Ya algunos se atreven a insinuar que esta institución podría ser perfectamente capaz de tender un puente entre el castrismo y la libertad de Cuba. No lo creo. Sé que los oportunistas inveterados cambian de nuevo de casaca y apuestan a esta posibilidad. Pero en cuanto a mí, creo que el cardenal Jaime es alguien demasiado comprometido con el sistema y sin fortaleza espiritual como para colocarle en sus manos el futuro de la libertad de Cuba.

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